En la estrecha calle, escucho tu nombre,
tras las sombras de lúgubres transeúntes,
atados a cadenas que se oxidan con el tiempo.
Te busco en las hojas que se ocultan en la noche,
escondidas tras el frío feroz que se infiltra como arañas,
buscando refugio y alimento.
Te busco en las noches, en las grietas de la memoria,
en las voces del que aún no ha nacido,
en los ojos del insomne,
en el insípido olvido que una vez torturamos
y juramos vencer con el paso de los años.
Ahora solo te busco en los espejos,
donde en las tibias noches te observo,
te susurro entre silencios,
perdido en las cicatrices,
en las larvas de un fruto podrido,
en el honor y sus escasas raíces.
Perdido en el juego de los años,
perdido entre amapolas y guerras.
Mi cuerpo es escaño de glorias ajenas,
mi cuerpo es el campo de fosas perpetuas.
lunes, 24 de marzo de 2025
Guerra
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