DGZ
domingo, 10 de mayo de 2020
Ahora
Cuando las palabras se agoten y las horas de amor se escondan entre sábanas rotas, inculparemos al silencio, romperemos los vidrios del delirio y una ráfaga de viento se llevará los recuerdos.
sábado, 28 de marzo de 2020
APPO
Los rastros de su risa hoy se anidan en mi mente, su hermética mirada me invita a pensar que soy un simple mortal que
sueña con quererle.
Y en un encuentro de ilusorios
despierto en su silencio, en fracciones inertes.
Soy un viajero errante perdido en el triángulo escaleno donde encuentro un lunar en cada
extremo. Zarpo a sus tierras cada noche e intento atravesar la espesura de su
olvido.
Náufrago de soledades y de encuentros misteriosos. Sigo a la espera
en la grutas del tiempo, aguardo en
silencio al día que usted se decida a quererme.
sábado, 20 de mayo de 2017
Palpitaciones perennes
El rastro del amanecer y sus huellas indelebles,
En el celaje que disemina las voces en bastos recuerdos,
Ritmo circadiano, orquídeas que no
duermen,
Serenidad extraviada en montículos fecundos,
Tiznados de corinto, resquicio en lo profundo,
Resguardo de antaño, de amor en contracciones,
Atavío de frases expuestas al azar, holocausto de pasiones,
En marchas de silencio, palpitaciones perennes se filtran
sin perfidias,
Anhelo en
el sigilo de las miradas perdidas.domingo, 19 de febrero de 2017
01
Parece que el cúmulo de
experiencia no es garantía para mejorar el entorno, se usa y se desecha
fácilmente, en todos los aspectos, limitando las lucidas garantías humanistas
por alcanzar una mañana solemne. Humanos que
se forman en vitrinas y deforman sus pesares atraídos por la
esperanza de una cura a ese vacío que muy pocos se atreven a mencionar.
De todas las palabras existentes hay cuatro que
residen en el hombre y cuando se unen ayudan a describir esta época: simular
sin poder disimular
Al pronunciarlas, el eco las envuelve y las transforma dejando muchos rastros en su significado, algunos de estos podrían ser:
Al pronunciarlas, el eco las envuelve y las transforma dejando muchos rastros en su significado, algunos de estos podrían ser:
1) Formar un mundo fantasioso, desmedido para que este sea percibido,
admirado y aceptado por los otros.
2) Ocultar el pasado, no dejar evidencias de las particularidades de cada hombre pues estas podrían desencajar en los parámetros de este mundo regulado.
3) Pregonar conocimiento y ser recicladores eruditos, limitados a las exigencias de un tiempo, relegados a las sombras que les permita ocupar la sociedad.
4) Aparentar y divulgar urgidos por la inmediatez, construir una vida exitosa donde se subrayan los buenos momentos para despertar la campaña jactanciosa de la "superación personal”
2) Ocultar el pasado, no dejar evidencias de las particularidades de cada hombre pues estas podrían desencajar en los parámetros de este mundo regulado.
3) Pregonar conocimiento y ser recicladores eruditos, limitados a las exigencias de un tiempo, relegados a las sombras que les permita ocupar la sociedad.
4) Aparentar y divulgar urgidos por la inmediatez, construir una vida exitosa donde se subrayan los buenos momentos para despertar la campaña jactanciosa de la "superación personal”
Cuatro palabras y significados que se dibujan en un
cuadro, ansioso por ser exhibido en el húmedo cuarto de los solemnes vacíos, de
la tempestad y los adornos. Este mundo no observa el dibujo sino el marco.
Así, nos vamos llenando de números y letras, siendo observados
sigilosamente por el humorista del tiempo que nos aplaude (aparentemente)
domingo, 5 de febrero de 2017
Alma dilatada
La austeridad del tacto se ha
disipado,
Voces que despiertan en híbridos noctámbulos,
Utilería de ensueños que deambulan sin espanto,
Harpócrates alado resbala entre saetas,
Cortinas de silencio se encuentran con grafemas,
Trenzando así la vida, atando con su rastro,
Las Moiras detenidas observan ancha hebra,
Despuntan en su lapso
cascotes anidados,
Hilos derruidos pero
no fraccionados,
La palabra que ahora juega entre ojos se adormece,
Mala calma en un alma que clama que el alba no llegue.
domingo, 22 de enero de 2017
Apartes...
Poesía desaseada, arrojada al retrete pupilente,
Poesía que se mueve entre círculos del tiempo,
Poseída por lacayos, por viajeros somnolientos,
Poseída en voces idas, en la boca del sediento.
Detenidos en letras, figuras y tormentos,
Detenidos con firmeza, ríos turbios de grandeza,
Reverdecen al caído perforando
su silencio
Huidas repentinas, saber sin contratiempos,
En la sombras de lo añejo se perciben los misterios,
Paralelos de razones diluidos por presagios,
Signos y adagios denotando el sentimiento,
Indeleble atardecer, hojas que retumban por el viento,
Pensadores amables de esta herencia
de cobardes,
Desdichada decadencia de letargos profanados,
Reproduciendo estas olas, perdidos en aposentos.
viernes, 23 de diciembre de 2016
LA RES PÚBLICA
En algún tiempo destinado al fracaso pero muy oportuno para detallar, habitaban personas de espesa barba y grandes cinturones de cuero, con hebillas que aprisionaban el brillo del sol que aparecía en un pueblo dividido en minorías de personas ilustradas, cuyas manos eran sensibles para el fino trabajo y que también palidecían de indiferencia al observar que la gran mayoría de sus habitantes se encontraban en condiciones desfavorables, esos seres que en algún instante depositaron sus esperanzas en un frasco de promesas que los caballeros de trajes refinados recogían puerta a puerta con un gesto sonriente, ocultando sus intenciones detrás de la corbata roja o azul que particularmente siempre llevaban a sus encuentros sociales.
Por otra parte, la mayoría de los habitantes tenían la barba desaliñada, cargaban crucifijos de bronce, este elemento era el más valioso para ellos. Sus cinturones no eran más que dos cordones atados con la fuerza de unas manos que tenían más líneas en su andar, no eran tan sensibles al trabajo delicado, poseían la dificultad de pertenecer a una raza poco percibida en las grandes casas culturales, sobrellevaban una vida que poco les pertenecía, por ello era tan frecuente observar el destello en las pupilas de estos seres cuando un hombre de corbata marcada y zapatos lustrados le llevaba un trozo de carne , invitándolo a apoyar una causa desconocida pero que sería el sustento para no morir de hambre, con esta acción los habitantes de barba descuidada podrían alimentar esos deseos que convivían en el cuerpo de los hombres, que despertaban el impulso por destrozar esa carne que envolvía cada lugar de aquel pueblo relegado.
Era inevitable escapar al agradable aroma de la carne que los señores de corbata situaban en los doce parques que se localizaban inicialmente en este pueblo, la fragancia que segregaban se filtró fácilmente por todas las casas, traspasando esas puertas pintadas de límpido color por las costumbres recatadas que poco a poco se iban alejando del pueblo de los parques, combinando su marcha del destierro con las manchas de las gotas de sudor que pacientemente esperaban ser mordidas por los hombres de estómagos vacíos y barbas sedientas.
Acudieron a la cita sin oscilación alguna, estos hombres salieron de sus casas, caminando impacientemente, algunos corrían desesperados con sus pantalones caídos cuyo principal sostén era el de sus manos que sujetaban los harapos. Otros, tropezaban en cada acera pues habían olvidado sus anteojos por el afán de acudir a un encuentro de cuerpos sazonados por la ambición y la lujuria. La algarabía imperaba en esta villa calurosa, el atardecer esculpía uno de los pocos momentos en los que se observó el revoltijo de los hombres de espesa barba.
De repente, uno de los hombres que se encontraba en el parque El Parapeto observó que ninguno de sus vecinos llevaba en su pecho el crucifijo de bronce característico en cada individuo del pueblo, por ello el pánico se apoderó de él y empezó a vociferar entre las multitudes que la hora del juicio final había llegado, sacudía los hombros de los habitantes que se encontraba a su paso pero nadie le prestaba atención a excepción de un hombre que llevaba una sucia ruana entre sus manos. Él, escuchó atentamente el raudal de palabras que el hombre atareado pronunciaba. Al finalizar, la ruana quedó en el suelo y el único hombre que lo escuchó salió corriendo sin dejar vestigios en su andar.
Jaime Moscoso siguió su camino recorriendo senderos, en su rostro se evidenciaba la angustia que padecía, cuando arribó al parque La Catapulta, quedó sorprendido pues se encontró con similares acciones del parque que había dejado a su paso. Moscoso gritaba desmesuradamente pero nadie se atrevía a oírlo, el sonido de la música lo entorpecía todo, las personas estaban embriagadas ingiriendo masato en grandes totumas. En el espectáculo sobresalía un grupo de mujeres vestidas uniformemente con un traje ajustado de color carmesí combinando con sus atractivos labios. Ellas eran las encargadas de entregar la carne con la condición que todo hombre antes de engullirla debía entregar un voto a unos pocos señores de barba y corbata, después; lavar sus manos cuidadosamente para que no quedaran indicios de la condensada tinta que había salpicado los dedos de esos hombres.
Moscoso no logró percatar a nadie, tan solo un hombre elegante se le acercó y le ofreció una bebida poco conocida afirmando que ese líquido era consumido por los dioses y le ayudaría a mitigar ese amargo momento que atravesaba. Jaime, mirándolo fijamente aceptó dicha bebida y en pocos minutos empezó a olvidarse del desastre que había profesado. Combinándose entre la gente, con su pantalón orinado empezó a sonreír y caminar de lado a lado perdiendo el equilibrio de su cuerpo, se posó al frente de una casa de madera dejando que la bebida lo arrullara en profundos sueños, dos horas pasaron y dos señores de corbata y zapatos lustrados levantaron a Moscoso, uno de ellos, vigilaba minuciosamente a su alrededor con el fin de que no hubiesen espectadores a su paso para que en seguida pudiesen arrojar el cuerpo del charlatán en un profundo pozo. Así lo hicieron, teniendo la seguridad de que ningún otro hombre se enteraría de las revelaciones que este individuo llegó a pronunciar.
La madrugada con el paso de las horas dejaba a todos los hombres de barba intoxicados por la carne que habían consumado, eran visibles algunas marcas de sangre en sus vestidos gastados, también; el vómito hacía parte de este evento, se mezclaba con algunos trozos de carne podrida que se veían en cada esquina. La vida se había pringado en este pueblo, mares de orina, vómito y sangre fueron el banquete de carroña que había arribado al pueblo. Quedaron pocos hombres de barba y corbata presenciando este espectáculo de los doce parques de la res pública ocultando sus ojos detrás de unos lentes oscuros. Se alejaron silenciosamente ocultando su dicha, la sonrisa estaba reservada para futuros encuentros con los hombres barba descuidada.
Dos ojos quedaron expectantes, desde un abandonado tejado cubierto por cañizo un hombre se escapó de esta proliferación de jadeos, rasurando su barba con una navaja se limitaba a observar cómo los hombres eran devorados por grupos de buitres que punzaban su carne, los intestinos eran disputados por estos animales de enormes alas que no tardaron en multiplicarse.
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Caídas II
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En la estrecha calle, escucho tu nombre, tras las sombras de lúgubres transeúntes, atados a cadenas que se oxidan con el tiempo. Te ...
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