martes, 19 de enero de 2016
La lucha
La lucha va más allá de la ausencia del saber, la lucha radica en lo que se siente cuando subes cada escalón, es algo que no se puede describir pues arremete a desmoronar todos los deseos que se llevan arraigados en el llamado "reto"
viernes, 25 de diciembre de 2015
En las noches
Y buscamos en las noches un encuentro de ilusorios,
Y nos enredamos como moscas en cortina de terciopelo,
Y nos encontramos con la sombra que nos toca el misterio,
Y en el fuego de tu alcoba, mis dedos son los póstumos del miedo
Mi voz en tu boca es la muestra del derecho,
Ese irremediable derecho de formar poesía con sudor y leves sonidos,
El frío se agota y el calor se alborota entre carnes y sábanas enredadas.
Ahora evito conjunciones, el amanecer nos retorna con la escarcha del destierro,
Y nos enredamos como moscas en cortina de terciopelo,
Y nos encontramos con la sombra que nos toca el misterio,
Y en el fuego de tu alcoba, mis dedos son los póstumos del miedo
Mi voz en tu boca es la muestra del derecho,
Ese irremediable derecho de formar poesía con sudor y leves sonidos,
El frío se agota y el calor se alborota entre carnes y sábanas enredadas.
Ahora evito conjunciones, el amanecer nos retorna con la escarcha del destierro,
domingo, 20 de diciembre de 2015
¿Seré el errado?
Seré el errado o es mi deber el vivir atormentado, contando los minutos y los días, de este; un rompecabezas de suicidas, descargo las anclas de las dudas al maremoto de la ausencia, de mi propia ausencia.
Es la vida del destierro una triste balanza de cargas dispares, la fuerte esperanza hoy resonó como el sonido de las pobres palabras que se pronuncian envueltas en el aire, el autobús vuelve a su punto de partida, al extremo de pocos sonidos y grandes silencios.
Es la vida del destierro una triste balanza de cargas dispares, la fuerte esperanza hoy resonó como el sonido de las pobres palabras que se pronuncian envueltas en el aire, el autobús vuelve a su punto de partida, al extremo de pocos sonidos y grandes silencios.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Cada vez que paso
Cada vez que paso lo recuerdo, fiel amigo, el mítico invierno que reposa en mis noches se acalambra en mi ojos formando humedad y vapor existencial. Me enlaguno en recuerdos, pocos momentos emanados en los últimos años, pocas acciones que finalizan tras ser acaparados con dos cervezas que fueron quedando diminutas en el ambiente de una casa de puertas abiertas, en las penumbras no divisamos que esa cerveza, su gran cerveza, fue la primera en agotarse.
La vida es un relleno, un contenido, un sin sentido, un líquido vivo que en personas como tú, compadre, se arriesga a desaparecer siendo ingerida rápidamente por cualquier vagabundo, cualquier beodo maldito, cuerpo distraído, expuesto a papel y fuego encendido.
A que te deroguen, pero no importa: fuiste eres y serás EL PROPIO, una fina combinación de una bebida poco frecuente pero exquisita a cualquier viajero que te observó, te bebió y configuró un camino extenso hacia grandes remembranzas en cualquier día, noche o milenio que transcurra.
Perdone número 10, león, alma guerrera, estos valles que ha divisado completos de ingratitud ante la ausencia, lo recuerdo varias veces y aunque no tuve la fortuna de comprar varias botellas de su bebida, las pocas que quedaron estarán enmarcadas en el correr de mi segundo decenio donde el color mostaza y el verde se entrelazaban para compartir perspectivas de vida, muchas veces refunfuñe ante el sonrojo que producía el conglomerado de sus ingredientes, el humor que en cierta parte de mi estaba extinto fue incorporado por sus grandes virtudes. Es mi aparataje de vida, hoy lo recuerdo como EL PROPIO, recuerdo esta SANTA FE que le tengo y que resguardo como fiel lacayo en esas pocas botellas que hoy carecen de líquido pero completas de gratitud.
Descanse en paz, pronto nos encontraremos, espero…
viernes, 30 de octubre de 2015
Primera entrada.
la rosa del saber se pudre en el cruel camino que transito en mi cerveza,
cerveza a la mano, cultura del pobre sabio, mi espíritu compacta las formas del reloj cuando ebrio voy quedando,
tambaleando y observando rostros, colores y versos.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Rastros en la luz apagada
Este sueño estuvo presente varias noches, en una etapa en la que solía orar rutinariamente antes de dormir, usar pijamas y tener en mi habitación figuras de superhéroes a la vista, descansaba en un ambiente agradable, nunca me gustó cubrir por completo mi cuerpo pues sentía que el aire se agotaba, el juego de cobijas y sábanas debía estar sujeto a ese colchón con figuras de animales coloridos. Era la época en la que me fijaba y controlaba cada detalle.
Rememorando lo que había sido ese día y pensando en lo que sería del mañana, muchas veces mis ojos caían y despertaban en la oscuridad, un panorama de completa oscuridad donde no podía observar nada, no podía pronunciar una sola sílaba, sólo sentía miedo, ese miedo que envolvía mi cuerpo y me paralizaba, el tiempo transcurría y no ocurría nada. De repente logré visualizar una inmensa luz que me devolvía la esperanza y aunque aquel lugar aún no me inspiraba confianza, por lo menos pude andar.
Caminé hacía la dirección de esa luz, presintiendo que era una puerta, una salida a esa oscuridad que me angustiaba, no resistí ante el temor, mis pequeñas piernas ya no caminaban; corrían, pero esta luminosidad parecía inalcanzable. Agotado, me detuve y al mismo tiempo aquel resplandor desapareció, pero al instante un rostro inmenso hizo presencia: era una mujer longeva, sólo podía observar su cara que estaba en gran escala, el resto era oscuridad. No logré reconocer su tipo de piel, el color que desprendía su imagen era gris, su boca permaneció sellada, los surcos del tiempo eran evidentes, su cabello estaba recogido.
Ella me miraba fijamente, no parpadeaba, no hacía una sola señal que me ayudase para sentirme cómodo, al contrario, sentía odio en su mirada, el sonido estaba muerto, no la quería ver más, volví a sentir miedo pero esta vez mi cuerpo reaccionaba. Girando a cualquier parte ella siempre estaba presente, me seguía, de frente, no detenía su mirada fulminante sobre mí, cerraba los ojos y parecía como si ella entrase en mi interior, pues la seguía observando. Estaba preso en aquel rostro inmenso, que me llevaba del miedo a la desesperación. Resignado o quizás habituado, no volví a escapar de ella, también la miraba, su rostro era como un ejercicio de reflexión, nunca me hablo pero siempre estuvo ahí. Observándome, señalándome con sus dos grandes grutas, en el silencio, lo inmóvil y lo oscuro.
Ella me miraba fijamente, no parpadeaba, no hacía una sola señal que me ayudase para sentirme cómodo, al contrario, sentía odio en su mirada, el sonido estaba muerto, no la quería ver más, volví a sentir miedo pero esta vez mi cuerpo reaccionaba. Girando a cualquier parte ella siempre estaba presente, me seguía, de frente, no detenía su mirada fulminante sobre mí, cerraba los ojos y parecía como si ella entrase en mi interior, pues la seguía observando. Estaba preso en aquel rostro inmenso, que me llevaba del miedo a la desesperación. Resignado o quizás habituado, no volví a escapar de ella, también la miraba, su rostro era como un ejercicio de reflexión, nunca me hablo pero siempre estuvo ahí. Observándome, señalándome con sus dos grandes grutas, en el silencio, lo inmóvil y lo oscuro.
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Caídas II
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Hallar en tus labios los amplios destierros, Reír sin medida en las noches de invierno, Correr la cortina que oculta los miedos, Morir...
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En la estrecha calle, escucho tu nombre, tras las sombras de lúgubres transeúntes, atados a cadenas que se oxidan con el tiempo. Te ...
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