miércoles, 30 de noviembre de 2016

Fotografía de una mosca en el reloj de madera

La manzana roja volvió a su canasta, brilla, brilla intensamente apocando a las verdes
De repente,  una anciana colorada las arroja con furia a las baldosas descuidadas,
Arruinando  su brillo, provocando fisuras, el líquido dulce se esparce lentamente
Varias moscas se amontonan deseosas, lavando sus patas como un majo ritual,
Celebran el banquete y recorren los cuartos proporcionando rastros de la fruta que
tranquilamente se iba destruyendo.


Fotografías en exceso, adornos y decoraciones que parecen necesarios,
¿Querer moldear un cuerpo con la figura de lo opuesto?
Esqueletos andantes, glorias sin luz  y sin sombra, hoy se observan en pasajes,
Premura  de respuestas llamando a la inmediatez, intercambios de siglos en segundos,
Rostros alados, espíritus cerrados, manifiesto de agonías que convidan sin potencia,
Indicando hacía el mañana hecatombes en destierros, el abecedario  de mentiras
Permanecerá en la vida de todo aquel que lo quiera reiterar.


Es el reloj de madera que en su lento vaivén oculta el peso de unas huellas,
En la envoltura de chocolates exquisitos, derruidos por  efectos del tiempo,
Negando su destino a bocas hambrientas, ansiosas por mitigar el suplicio,
Y el cabello lentamente va cayendo,  dejando rastros de lo añejo,
De los lugares transitados, luces de vehículos en la autopista irradiaron las noches
Acompañadas de faroles imponentes que se observan a distancia,
Así somos los hombres, eternos  observadores  discrepados,  con brillos homólogos
Que se funden en la ambición por competir y derrotar, deseo eterno y congelado
En la mente del llamado progresista, ser supremo, sol en el desierto.






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